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LA LEYENDA DEL BAMBÚ

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes. 

Siembras la semilla, la abonas y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros meses no sucede nada, al menos apreciable. Tampoco sucede nada los primeros años. Sin embargo, durante el ¡séptimo año! en un período de sólo seis semanas…la planta de bambú crece ¡más de 30 metros!

Se toma siete años para crecer y seis semanas para desarrollarse.

Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú genera un complejo sistema de raíces que le permiten sostener el crecimiento que llegará después.

Con el niño sucede algo parecido. El niño va generando sus raíces, en la familia, en la escuela. Gracias al apego forma un vínculo con las personas que le rodean. Conforme crece sigue echando raíces, adaptándose a diferentes entornos, relacionándose con otros iguales. Y sigue echando raíces cuando desarrolla su personalidad y muestra sus intereses, cuando dice que sí y cuando dice que no. Durante mucho tiempo el niño genera una compleja red de raíces que le permitirán sostener el crecimiento que viene después y para que esta red de raíces, se genere de forma sana y fuerte, nosotros como adultos, debemos acompañar este proceso con paciencia y respetar los ritmos del niño, aunque nos pueda parecer lento, pues cuantas más raíces genere, mejor será su crecimiento posterior.

¿Qué queremos decir con esto? Que todo es cuestión de saber esperar.

Lo más importante es mantener la ilusión y abonar, poner en la medida de lo posible todas las herramientas necesarias para que la cosecha sea la esperada.

Y esta es la ilusión que ponemos nosotros cada día, ayudando a que los niños y niñas de esta Escuela creen su propio sistema de raíces para que se desarrollen y puedan crecer altos y fuertes como el bambú.

 

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