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Abr
03

EL RATÓN QUE QUERÍA UN PALACIO

Hoy os presentamos un cuento que seguramente no conozcáis (si lo conocéis enhorabuena, porque es una joya).  No es el típico cuento que se ve en las escuelas y la editorial es un proyecto pequeño llamado “libros de las MALAS COMPAÑÍAS” creada por una madre (la conocida cuentacuentos y editora Ana Griott) y su hija Anaïs González Herreros.

 

 

Y si no es conocido… ¿por qué lo presentas? Por eso, para aprovechar estos días y descubrir cosas nuevas y porque como decía, es una joya que debéis conocer por varias razones:

 

·         Su escritora Charo Pita, ganadora de algunos premios literarios y escritora de numerosos títulos infantiles publicados a varios idiomas. Es además actriz y narradora, por lo que sus cuentos están pensados y escritos para ser contados oralmente, cumpliendo con todas las características para facilitar las historias como antiguo en las familias: oralmente.

·         Sus ilustraciones cuidadas y elegantes, sin ser demasiado infantiles, acompañan la historia de forma muy visible e identificable para los niños y niñas.

·         La historia resulta un cuento acumulativo precioso que habla del esfuerzo, la perseverancia y del valor que tenemos para los que nos quieren… muy importante en estos días en familia.

·         Por último, como nos gusta a nosotros el cuento va acompañado de una experiencia en familia: ¡una receta de bizcocho para cocinar juntos!

 

Y… ¿por qué una receta de bizcocho? Si lo quieres saber, deberás prestar mucha atención al cuento.

 

Para que sigáis disfrutando en casa os dejamos aquí el texto y ¡sí! La receta del bizcocho... ¿nos contarás cómo queda?

 

El ratón que quería un palacio 

Un día, un pequeño ratón vio a un rey en un palacio. << ¡cómo me gustaría vivir como él! >>, pensó con envidia. Fue así como el pequeño ratón decidió construir su propio palacio.

Lo primero que hizo fue buscar una piedra. Entonces, pasó por allí una hormiga.

- ¿Qué estás haciendo?- preguntó la hormiga.

- Un palacio para vivir como un rey.

- ¡Pobre ratón! -exclamó la hormiga-. Yo soy la reina de mi hormiguero y no necesito un palacio. Y tras decir esto, la hormiga se marchó.

El pequeño ratón encontró una piedra, pero la piedra era muy grande y el ratón muy pequeño. En ese momento, pasó por allí una gallina.

-          ¿qué estás haciendo? - preguntó la gallina.

-          Un palacio para vivir como un rey.

-          ¡Pobre ratón! - exclamó la gallina-. Yo soy la reina de mi corral y no necesito un palacio-Y se fue entre cacareos.

El pequeño ratón continuó con su tarea. Encontró un palo para mover la piedra, pero el palo era muy largo y el ratón muy pequeño. Entonces, pasó por allí un oso.

-          ¿qué estás haciendo? – preguntó el oso.

-          ¡Un palacio para vivir como un rey!

-          ¡Pobre ratón! – exclamó el oso -. Yo soy el rey de mi cueva y no necesito un palacio -. Y, lanzando un gruñido, se internó en el bosque.

Fue entonces cuando el pequeño ratón encontró una escalera para alcanzar el palo, para mover la piedra. Pero no tenía donde apoyarla. Entonces, pasó por allí un cerdo.

-          ¿Qué estás haciendo? - preguntó el cerdo.

-          ¡Un palacio para vivir como un rey!

-          ¡Pobre ratón! Yo soy el rey de mi pocilga y no necesito un palacio… Y tirándose un pedo, el muy cochino se marchó.

El pequeño ratón continuó con su tarea (aunque con algo de dificultad porque, con el tufo…, tenía que taparse la nariz).

Por fin, encontró un muro para apoyar la escalera, para alcanzar el palo, para mover la piedra…

Entonces pasó por allí un caballo.

-          ¿Qué estás haciendo? – preguntó el caballo.

-          ¡Un palacio para vivir como un rey! ¿no lo ves?

-          ¡Pobre ratón, qué trabajo! -exclamó el caballo -. Yo soy el…

-          Tú eres el rey de tu cuadra y no necesitas un palacio … ¡ya me lo sé! – le replicó el ratón.

-          ¡Qué ratón tan listo! – exclamó el caballo y, lanzando un relincho, desapareció al galope.

Cuando se quedó solo, el pequeño ratón miró el muro, la escalera, el palo y la piedra. Tenía hambre y frío.

-          Hoy estoy cansado, pero volveré mañana y acabaré el palacio -dijo. Y enseguida añadió con orgullo -: ¡Pronto yo también seré un rey!

El pequeño ratón echó a correr. No tardo en llegar a casa. Tan pronto como abrió la puerta, sintió el calor de la chimenea encendida.

De la cocina le llegó un aroma delicioso a bizcocho recién hecho. Entonces, escuchó la voz de su madre, que le decía:

-          ¿ya estás en casa, mi rey?

-          Pero ¿cómo? – preguntó el pequeño ratón -. ¿Yo también soy rey?

-          ¡Claro! – respondió mamá ratona-. ¡Tú eres el rey de esta casa!

Y le dio un soberano abrazo…

Aquella tarde, con mucha majestad, el pequeño ratón se sentó en el regazo de su madre a comer bizcocho y a leer cuentos de miedo en un libro de gatos.

 

Fuera quedaron olvidados el muro, la escalera, el palo y la piedra. Y aquel pobre hombre que, para ser rey, necesitaba un palacio. 

 

RECETA DEL BIZCOCHO BUENÍSIMO DE MAMÁ RATONA

 

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